Aplicación práctica

APLICACIÓN PRACTICA DE LA TÉCNICA TOMATIS.

A cada persona que acude a nuestro Departamento de Estimulación de la Escucha, además de una entrevista en la que se establece una anamnesis lo más completa posible (con los padres del niño o adolescente o con el adulto, en su caso), se le practica un Test de Escucha inicial para así determinar si la estimulación mediante la Técnicas Tomatis es o no conveniente para esa persona en particular.

Esta evaluación dura aproximadamente una hora y media e incluye, además de la entrevista y el test de escucha, pruebas de lateralidad y dibujos (cuando son niños o adolescentes).

Con todo ello pretendemos responder a estas preguntas:

  1. ¿Existe la posibilidad de que la Estimulación de la Escucha pueda ayudar este caso?
  2. ¿Cuáles son los beneficios potenciales y qué grado de mejoría puede preverse?
  3. ¿Qué tipo de programa sería el más adecuado para las necesidades de la persona y por cuánto tiempo?

La estimulación auditiva se realiza con una serie de sesiones de escucha de unas cintas grabadas de forma especial. Cada cinta dura 30 minutos Cada persona realiza, por regla general, una tanda de 60 sesiones de escucha repartidas en un período de tres a cuatro semanas a razón de 15 a 20 sesiones a la semana que se agrupan en tres sesiones (90 min.) diarias con una periodicidad mínima de 3 días por semana.

Se guarda un período de descanso de cuatro o cinco semanas y se repite una tanda de 30 sesiones una o dos veces más si fuese necesario.

Durante la sesión de escucha se recibe el sonido a través de unos cascos provistos de auriculares, así como de un dispositivo de conducción ósea (vibrador óseo). La intensidad o volumen de los sonidos presentados se ajusta al nivel que le sea cómodo a cada individuo y que, en la mayor parte de los casos, oscila entre 60 y 80 decibelios (un nivel ligeramente más alto que el de una conversación telefónica).

Muchas de las cintas que se usan han sido pasadas por filtros electrónicos. Esto significa que la música o la voz ha sido modificada para reducir la presencia de los sonidos de frecuencias más bajas.

partitura

A menudo sólo quedan los sonidos de más alta frecuencia, ya sea de una sintonía de Mozart, cantos gregorianos o de la voz de la persona que habla.
Antes de que el sonido llegue al oído de la persona es modificado aún más por el «Oído electrónico» que modifica los sonidos de dos formas que se alternan sucesivamente con notable rapidez.

En una de ellas se acentúan las frecuencias más bajas del sonido que llega y se disminuyen las frecuencias más altas. Esto provoca un estado de no adaptación (de audición pasiva). En la otra se acentúan las frecuencias más altas del sonido que llega y se disminuyen las frecuencias bajas. Esto provoca una adaptación o respuesta de atención auditiva (atención focalizada de la escucha).

Presentar el sonido de esta manera impone al oído, en sucesión rápida, un tipo de estimulación que induce alternativamente a una no adaptación (las frecuencias más bajas son acentuadas) seguido de otro tipo de estimulación que obliga al oído a adaptarse o a prestar atención (las frecuencias más altas son acentuadas). Después de escuchar repetidamente sonidos de música y de lenguaje modificados de esta manera, el oído se condiciona a prestar mayor atención al sonido. Así, esta adaptación o respuesta de atención se fortalece continuamente. Las posibilidades de escucha, por lo tanto, se intensifican y la repetición crea un efecto de remanencia.

mozart

¿PORQUÉ MOZART?

Después de observar los efectos de diferentes tipos de música Tomatis llegó a la conclusión de que las partituras de Mozart parecían lograr el más perfecto equilibrio entre. los efectos relajantes y vigorizantes del sonido. La mayor parte de la música que se utiliza es violín. Esta música modificada por el oído electrónico quita las frecuencias de tonos graves para estimular la zona de percepción de las armonías altas, una zona primordial para la función de escuchar.

Los cantos gregorianos es una técnica musical con un ritmo compatible con la respiración y los latidos cardíacos de una persona calmada y relajada. Se utiliza para tranquilizar a usar sus posibilidades de escucha (discusiones, gritos, tonos amenazantes, etc.) niños impulsivos, inquietos, tensos e irritables.