El niño adoptado

Lo más importante es que los padres acepten y asuman desde el principio una realidad: que son una familia adoptiva para ese niño, y que esto, pese a sus buenas intenciones y deseos, no lo van a poder cambiar. El niño debe ser aceptado por su familia adoptiva tal y como es, procurando no anteponer para él expectativas propias, respecto a la realidad de ese niño. La educación que reciba y el entorno en el que crezca, sólo podrán modificar en él, aquello para lo que su hijo, esté genéticamente predispuesto. La adopción es, para estos niños, parte de lo que son; pensarán en ella, sin remedio, durante toda su vida. Será fundamental, para ambas partes, que ayuden a su hijo a expresar lo que siente y piensa, a conversar de forma natural sobre el tema. La comunicación, la expresión, es siempre fundamental para que el vínculo se fortalezca. Hay que mantener una actitud de escucha y comprensión, para que el niño les vaya confiando sus emociones sin temor.

Los padres adoptivos deberán enfrentarse a cuestiones, bastante más complejas, que las que han de superar los padres biológicos. Al igual que cualquier otro padre, un día pueden sentirse orgullosos y al otro “vencidos”, pero lo más importante es que si ellos aceptan sus propias limitaciones y la de sus hijos, se sentirán “verdaderos padres” de sus hijos.

Deberán aceptar el derecho del niño a saber todo cuanto sea posible sobre su adopción, y su historia de vida anterior.

El contarle las circunstancias exactas de su adopción, le ayudará a disipar sus fantasías de culpabilidad (el pensar: “fui malo”, o “algún problema debía tener o causar para que mis padres me dieran”,…)

Si intentan ocultárselo, algún día cuando lo descubra ( y tengan la seguridad de que será así), se sentirá engañado y traicionado, y quizás será mucho más difícil reparar ese daño que el de las circunstancias que envuelven a la adopción y podrá quedar perjudicada la relación.

Es importante contestar a sus preguntas, aunque se tenga escasa información al respecto; pero lo que sepan, no duden en compartirlo.

Como padres, deben ayudarle a asimilar y a aceptar su historia, siempre, claro está, adaptando los detalles a la edad del niño y a su madurez.

Es conveniente utilizar la palabra “adopción” de forma natural y en un sentido positivo, para que el niño se vaya acostumbrando a oírla y conocerla y a hablar de ello sin incomodarse. Procurar utilizarla cuando se sientan física y, sobre todo, emocionalmente próximos a su hijo (en el momento el baño, al sostenerle en brazos,…). Hay que buscar el momento “afectivo” adecuado según la edad del niño.

LA ADAPTACIÓN A SU NUEVA FAMILIA

Un niño adoptado pasa por diferentes fases en ese proceso de adaptación, pero siempre serán las mismas en todos los casos; variará la duración de éstas (más breves cuanto más pequeño es el niño) y la facilidad en la adaptación (mayor también cuanto más pequeño), en función de la edad del niño.

Estas fases suelen ser:

  • Una fase inicial de angustia, en la que pueden ser frecuentes los llantos, el nerviosismo, el dormir mal, e incluso puede resentirse el apetito. En esta fase, el niño muestra rabia y dolor por el abandono. Para ayudarle a asimilar todo esto, es conveniente ofrecerle mucho contacto físico (abrazos y caricias, demostraciones de afecto), que le hagan sentirse seguro y querido en esa su nueva casa.
  • Una fase de adaptación, de conocerse mutuamente. Irá probando los límites de lo que puede y no hacer, de lo que puede esperar y recibir de las otras personas. También habrán largos períodos de llanto, y predominara la ansiedad por ambas partes. Sobre todo, no se debe olvidar en ningún momento que estas conductas no son algo personal, sino consecuencia de su situación anterior.Con suave firmeza, habrá que irle marcando esos límites que él tanto necesita, aunque aparentemente se le esté contrariando.

ASPECTOS A TENER EN CUENTA EN FUNCIÓN DE LA EDAD EN QUE EL NIÑO ES ADOPTADO

Si se trata de un bebé que todavía no habla, los recuerdos de sus experiencias anteriores al momento de la adopción han quedado grabadas en su cuerpo sensitivo, en su mundo de sensaciones, y forma ya parte de su historia personal a un nivel muy profundo.

Cuando el niño ya se ha iniciado en el lenguaje, ya hay recuerdos en su memoria.

Entre los 2 y los 5 años, es muy conveniente ir hablando abiertamente sobre la historia de su adopción: explicarle que nació y luego fue adoptado, ya que en la fantasía de algunos niños puede estar el hecho de que al haber sido adoptados, ellos no han nacido.

Describirle cómo era cuando le vieron por primera vez: aspecto, rasgos, ropa, emociones que sintieron al verle, al cogerle en brazos,… el viaje a casa.

Destacar lo excepcional de su llegada a casa: cómo fue, quiénes le esperaban para recibirle, cómo era su habitación, sus cosas,…enseñarle fotos de ese día.

Entre los 5 y los 11 años, son muchas las experiencias y los recuerdos que han dejado huella en él. Gran parte de la rabia y el dolor sentido por la pérdida y la separación, irán dirigidos hacia los padres adoptivos. La adopción de niños de esta edad, hace conveniente el apoyo de un profesional de la psicología durante las primeras fases de adaptación. En esos primeros años escolares, ellos mismos se sienten distintos a sus compañeros, aunque quizás aún no entienden muy bien por qué. En este período, ya escolar, el niño adoptado puede oír comentarios de sus compañeros que le pueden resultar dolorosos. Escuchen lo que cuente al respecto, y sean sinceros con él.

La adopción de un adolescente es poco frecuente y hace preciso soporte profesional, tanto a la familia como al chico, por la complejidad que puede devenir de la nueva situación sumada a la especial etapa de crisis que supone la adolescencia. Su crisis natural de identidad será más profunda que en un niño no adoptado. La adaptación por ambas partes será muy difícil. En esta etapa se juntará el intento de crear una nueva relación con los nuevos padres y la necesidad, propia del adolescente, de irse separando para convertirse en un individuo independiente. Aunque le hayan demostrado su amor infinitas veces, ellos seguirán cuestionándose (por su condición) si son dignos de ser queridos. El proceso puede ser largo y lento.

OTROS ASPECTOS A TENER EN CUENTA EN UN NIÑO ADOPTADO

Un niño adoptado tiene una historia preadopción, que incluye la separación de la madre natural, que es la persona que estuvo con él en los primeros y más críticos nueve meses de su vida.

El estado mental y emocional de la madre durante el embarazo puede influir sobre la manera en que el niño experimenta esta separación. Si la madre no quería el embarazo o intentó esconderlo, la separación será vivida por el niño, como abandono o rechazo. El miedo a ser abandonado o rechazado otra vez puede acompañar a los adoptados el resto de sus vidas e influir en su manera de relacionarse con otras personas, en primer lugar con su madre adoptiva.

Comprender esto ayudará a manejar más adecuadamente la inevitable separación de la madre natural y a preparar a los padres adoptivos y a la familia para una mejor integración.

SENTIMIENTOS QUE ESTÁN PRESENTES EN EL NIÑO ADOPTADO

El miedo a ser nuevamente abandonado por su nueva familia, como hicieron sus padres biológicos.

La desconfianza hacia los adultos ( que le han abandonado, defraudado, …). Habrá que volver a ganar su confianza y, sobre todo con mucho amor y paciencia, pues el niño les pondrá a prueba todo lo que pueda para ver si él les importa. Es en esos momentos límite, cuando no le puede fallar, y deben seguir mostrándole su amor incondicional; ello no significa aprobar todas sus conductas, sino ratificar su amor hacia él aún cuando éstas sean inapropiadas.

El sentimiento de que nada perdura, de inseguridad ante todo, pues no conoce la estabilidad.

Las situaciones de separación, pérdida y abandono que se repetirán en mayor o menor grado, a lo largo de su vida, serán especialmente mal vividos por el niño adoptado. Se mostrará especialmente sensible y reacio a iniciar relaciones basadas en la confianza, hasta que sus experiencias le vayan demostrando lo contrario.

COMO AYUDA EL MÉTODO TOMATIS A LOS NIÑOS ADOPTADOS

Tomatis piensa que el deseo de comunicarse existe antes del nacimiento y que está estrechamente ligado al desarrollo del oído. Se sabe que el aparato auditivo esta completamente formado en el quinto mes de gestación. El oído del feto es bombardeado por los sonidos del cuerpo de la madre; el latido del corazón, la respiración y otros sonidos viscerales. En medio de esta mezcla de sonidos hay uno especial que emerge y va tomando forma, este sonido es más claro que todos los demás, es más melodioso: “Es el sonido de la voz de la madre”. En un esfuerzo por cortar los sonidos de fondo, nos podemos imaginar al feto haciendo su primer intento de “conectarse” con el sonido de la voz de su mamá. Esta conexión es el primer intento de escuchar, el primer paso en la vida hacia salir y comunicarse. Ya que la voz de la madre es intermitente, se puede asumir que provoca el primer deseo: oír esta voz de nuevo, y la primera gratificación, el placer de percibirlo nuevamente. La repetición de este proceso crea la necesidad de comunicarse.

RECHAZO

El estado emocional de la madre embarazada es transmitido al feto de varias maneras, según Tomatis la voz es una de las principales. La apatía, el enojo, la depresión y el rechazo, son emociones que se reflejan en el tono, fuerza, timbre y otros componentes de la voz que el feto percibirá. Estos mensajes influirán en el sentimiento de ser querido o no, y se quedaran en él para siempre.

Tomatis trabajó durante toda su vida para demostrar la influencia de la vida prenatal en el deseo del niño para comunicarse. Esto ha sido considerado por muchos como una hipótesis basada simplemente en anécdotas. Pero últimamente estudios sistemáticos han producido evidencias que apoyan esta tesis. De cualquier manera, la idea de que un niño adoptado, es un niño no deseado, no debe generalizarse. Hay algunas madres que aceptan y disfrutan su embarazo aunque después hayan dado al niño en adopción. En algunos casos, la adopción, se decide en la última etapa del embarazo o después de dar a luz. Los niños son dados en adopción generalmente por razones culturales o económicas. Estas razones pueden ser ajenas a la relación madre-hijo, es decir, que no necesariamente afectan la manera en que una madre vive su embarazo y el amor y cariño que le transmite al niño durante el mismo.

La experiencia con cientos de personas adoptadas, indican que el adoptado que fue “deseado” vivirá su vida sin experimentar ningún problema psicológico serio.

Sin embargo un niño que no es deseado antes de nacer es casi seguro que no será deseado después, ya que el contexto familiar, no ha cambiado. En el caso del niño adoptado, éste puede no ser deseado antes de nacer, pero seguramente será muy deseado por los padres adoptivos. El amor y el cariño de los padres adoptivos pueden en algunos casos ayudar mucho al niño a curar sus heridas tempranas. Sin embargo existen otros casos en los que afecto genuino y amor no son suficientes.

Generalmente los adoptados, presentan en mayor o menor grado algunas de las siguientes características:

  • Sensación de vacío interno
  • Ajuste social muy difícil
  • Dificultad para relacionarse con la madre adoptiva
  • Problemas constantes con figuras de autoridad
  • Falta de cercanía física y emocional

Todas estas características tienen en común una relación ambivalente con su madre, es decir el niño llama la atención de la madre, de tal manera que ésta reaccione negativamente, en otras palabras, el niño le “pide” a la mamá que lo rechace una y otra vez. Esta actitud es dirigida en un principio a la madre, pero más tarde afecta a los hermanos particularmente si estos son naturales. Después, en la pubertad, estos problemas del hogar se extienden a la escuela, y al entorno social.

CONSEJOS A LA MADRE ADOPTIVA

Como hemos visto, la primera dificultad de comunicación del niño adoptivo se manifiesta en la relación con su madre. Esta requiere de todo el apoyo del padre adoptivo para poder cambiar su respuesta hacia el niño.

La madre explica que su hijo la trata mal, le hace la vida difícil, no la respeta, no la quiere. “Este niño me odia”. Habla de su malestar y arrepentimiento diciendo: “Me siento muy mal después, pero no puedo hacer nada, me hace ponerme furiosa cada vez”. Este sentimiento de culpa, es respaldado muchas veces por la idea de que el hecho de no haber podido tener hijos, tal vez hubiera sido mejor no haberlos adoptado. La respuesta a este problema es: “No es ella a quien el niño quiere rechazar, sino a través de ella, a la persona por quien se siente abandonado o sea que no se tiene que sentir mal ni culpable”.Si es consciente de esto podrá entender lo que realmente está sucediendo.

Es importante que sepa que: “Hay algo en su hijo que le duele y ella es la persona en quien más puede confiar. No tiene manera de expresarlo con palabras, la manera de expresar su dolor se traduce en ser una molestia para todos, pero en especial para ella”.

Cuando la madre adoptiva comprende que el comportamiento de rechazo-acercamiento de su hijo es la manera de buscar su amor, su papel como madre cambia radicalmente. a “odiada y rechazada” se convierte en la cura, para el niño, en la persona que hace que su dolor disminuya.

Esta forma de ver el problema entre la madre y el hijo adoptivo, se convierte en un descubrimiento para ambos y por lo general marca el inicio de una nueva relación.

Mediante el tratamiento terapéutico de Estimulación de la Escucha conocido como “Metodo Tomatis” se ayuda a restablecer la comunicación. Enseguida se notan cambios en los hábitos dormir y en la calidad del sueño. El niño se vuelve física y después verbalmente más afectivo. Poco a poco hay un aumento en su necesidad de comunicación. Se vuelve más curioso, hace más preguntas, es más observador y expresa más elaboradamente lo que siente y lo que piensa En casa se vuelve más autosuficiente e independiente. Los maestros observan que se vuelve más participativo y tiene una actitud más positiva hacia el aprendizaje. Además, ya que la madre también se involucra en el tratamiento, el hijo ve que no es él solamente el centro de atención y que además sus padres están dispuestos a todo, porque lo quieren.

Los cambios en adultos son más sutiles, por lo general comentan que están más calmados, más contentos, con más energía y se organizan mejor.

Autora: Maria del Carmen Morante

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