¿Influye el período prenatal en nuestra vida? (1 de 3)

Conferencia de Marie-Andrée BERTIN, Presidenta de la OMAEP – Organización Mundial de Asociaciones de Educación Prenatal- . Dictada en el Auditorio Carlos Lleras Restrepo en la sede nacional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Miércoles 4 de Abril del 2001.

INTRODUCCIÓN

Actualmente se sabe que cada una de las etapas de la vida influye en las siguientes etapas. Los psicólogos lo han demostrado, y cada uno lo ha podido verificar en su propia existencia o en la de sus más cercanos.

Esta evidencia es el fruto de una larga andadura.

En la primera mitad del siglo XX, el desarrollo de la psicología profunda puso en evidencia el impacto de la vivencia emocional de los primeros años de la infancia, y sus repercusiones sobre el comportamiento del individuo. Por ejemplo, cuando se produce un bloqueo durante este periodo sensible, el sufrimiento perdura durante toda la vida, a menos que una psicoterapia ayude a superar el conflicto, o que circunstancias muy favorables permitan una vivencia muy positiva de los aspectos esenciales de la vida: un buen matrimonio, éxito profesional. De este modo, se desencadenan fuerzas nuevas que ayudarán al hombre y a la mujer a superar este problema del inicio, y a dar libre curso a esta fuerza de vida que había sido obstaculizada o afectada en su origen.

Al contrario, si un niño recibe amor suficiente, si es reconocido como un ser con un valor propio, si su desarrollo se acompaña de una necesaria autonomía progresiva, este niño tiene más posibilidades de convertirse en un adolescente y luego en un adulto equilibrado, sereno, armonioso, con confianza en si mismo, en los demás y en la vida. Al tener la libertad de vivir, de manifestar lo que es en esencia, será estable, abierto y creativo.

En la década de los 70 se dio un nuevo paso en la comprensión de la vida, cuando los obstetras como Frederic Leboyer y Michel Odent, psicoanalistas y psiquiatras de todo el mundo hicieron tomar conciencia de la importancia del momento del nacimiento, y de la acogida que se le da al recién nacido, eventos que dejan huellas profundas en su psiquismo. Se ha afirmado que el 90 % de nuestros miedos se instalan en nosotros en el momento de nuestro nacimiento, determinando en gran medida nuestro comportamiento de niños, de adolescentes, y de adultos.

Y vamos a ver que el tema propuesto aquí sugiere que el periodo prenatal podría situarse entre las etapas constructivas de la vida humana, e influir así la vida futura … ” de aquél que viene”.

El embrión, el feto, ¿serían pues influenciables, educables? ¿Y con consecuencias a largo plazo? ¿De qué educación se trata? ¿Se van a establecer e imponer programas al ser en formación?

¡Evidentemente no! Las normas y los programas corresponden a la instrucción y no a la educación.

El objetivo de la instrucción es la transmisión de conocimientos y de habilidades, para lo cual se utilizan métodos de aprendizaje.

La educación, en cambio, trata de despertar y de desarrollar las facultades latentes en el individuo, ya sean de orden físico, afectivo, intelectual, moral o espiritual.

Se puede definir, pues, la educación como “la aplicación de los medios apropiados que permiten al ser humano formarse y desarrollarse“. En efecto, es el mismo ser el que se educa, es decir, el que se forma, el que se desarrolla a través del movimiento de las fuerzas de la vida que están en él. Lo lleva a cabo con los elementos físicos, afectivos y mentales que le proporciona su entorno, lo que tiene a su alrededor, su ambiente.

En un niño que ya ha nacido la educación se efectúa a través de tres procesos fundamentales: la impregnación, la imitación y la experimentación. En el niño que se está formando en el vientre de su madre, la experimentación es nula, aparentemente, la imitación probablemente también… aunque aún no lo sabemos a ciencia cierta. La impregnación en cambio es máxima, es la primera programación de nuestras células. Las experiencias posteriores de la vida se imprimirán, es cierto, en su momento, pero en forma de sobreimpresión. Por ello son muy importantes estas primeras impregnaciones, estos primeros fundamentos.

La Educación Prenatal no es pues ni una invención, ni una ideología. Es un conjunto de procesos naturales que entran en juego tanto si se conocen como si no, tanto si se quiere como si no.

Nosotros proponemos simplemente conocer estos procesos, ser conscientes de ellos, a fin de que los futuros padres, informados, tengan la libertad, la posibilidad de dar al embrión, y después al feto, los mejores elementos, las mejores condiciones que le permitan desarrollar mejor todas las potencialidades, todas las facultades incluidas en el capital genético, en el seno del proceso natural y según su propia dinámica.

Se nos ha formulado una pregunta: ¿a quién se dirige esta educación? ¿A la madre o al hijo? La respuesta es: a los dos. Porque la simbiosis entre la madre y el hijo es tal que todo lo que vive la madre, el niño lo vive con ella. La madre, primer universo del niño, toda ella, físicamente y psíquicamente, es la “materia prima viva” para él.

También es para él la mediadora del mundo. El ser humano en formación en el útero no puede aprehender directamente el mundo exterior, pero recibe en cada momento las sensaciones, los sentimientos, los pensamientos de su madre actuando en el mundo. Graba en su psiquismo naciente, en su tejido celular, en su memoria orgánica, estas primeras experiencias compartidas que colorearán su personalidad.

El niño que nace ya tiene un pasado de nueve meses, que en gran parte, ha determinado su futura persona.

Estos conocimientos recientemente reencontrados por la ciencia, son de hecho milenarios, están siempre presentes y dispuestos a resurgir en la intuición de las mujeres, y de cada vez más padres. La importancia de este periodo era muy conocida en las antiguas civilizaciones: los Egipcios, los Indios de Asia y de América, los Celtas, los Africanos… y otros, habían dado reglas de vida para la madre, la pareja, la sociedad, que permitían que el niño se formara con las mejores condiciones.

En cuanto a los Chinos, hace ya más de mil años, construyeron clínicas prenatales en donde las futuras madres vivían su embarazo con serenidad y rodeadas de belleza.

En nuestros países occidentales, a principios del siglo XX, aún se protegía a las mujeres embarazadas, y éstas a su vez protegían a sus bebés. En el pueblo donde pasé mi infancia, cuando el circo venia a instalarse, a las futuras madres no se les dejaba ver el espectáculo. Todavía se sabía por tradición oral que si ocurría un accidente y éste trastornaba a alguna madre, a su hijo también le perturbaría.

Más tarde, nuestras sociedades industriales han centrado sus preocupaciones en una carrera de hazañas tecnológicas, económicas y financieras… y se han olvidado de las cuestiones de la vida.

Pero la vida retorna sus derechos. No sin humor, pues la tecnología, al tratar de afinarse, ha permitido volver a encontrar pruebas científicas que apoyan los fundamentos de estos conocimientos auténticos (no nos referimos a las supersticiones que se han podido injertar en ellos en el transcurso del tiempo).

En efecto, actualmente investigaciones científicas llevadas a cabo en distintas áreas, aclaran de forma convergente esta educación prenatal que se opera de forma natural.

Las Asociaciones de Educación Prenatal quieren ser un puente entre la investigación y la vida cotidiana de los futuros padres. Recogen los trabajos pluridisciplinarios actuales para presentarlos como un conjunto coherente al público, a los jóvenes y a los profesionales a los que a veces no les ha llegado la información. Estos conocimientos vistos de forma global toman un sentido y sugieren maneras de vivir favorables para el ser que se forma… y para los padres.

Dos ejes principales de investigaciones se ponen en evidencia:

  • El desarrollo sensorial del feto, estudiado por investigadores pluridisciplinarios, en su mayoría franceses, reanudando a veces experiencias americanas.
  • Las huellas afectivas, recibidas en el útero, detectadas por médicos, psicólogos y psiquiatras de numerosos países.
  • También haremos referencia a las teorías explicativas propuestas por la física cuántica, y la teoría de los campos morfogenéticos o bióticos, sobre la grabación celular de las informaciones.

Finalmente, veremos que a partir de estas investigaciones, ciertos miembros del área médica sensibilizan su práctica, y por su parte, los futuros padres tienen la posibilidad de dar “algo más’ a sus hijos, de forma sencilla y alegre, en sus vidas cotidianas.

EL DESARROLLO SENSORIAL DEL FETO: LOS CONOCIMIENTOS

Recordemos que los órganos de los sentidos y los centros cerebrales correspondientes ya están formados al final del periodo embrionario, hacia los tres meses de vida intrauterina. Durante los seis meses siguientes de la gestación, los órganos se desarrollan y afinan su especialización, y lo hacen de forma diferente, según la naturaleza de su función y según la calidad y la intensidad de los estímulos recibidos.

Así, la vista necesita un medio luminoso para ejercitarse. Y cuando la madre expone su abdomen al sol, el bebé percibe una luz anaranjada.

Sin embargo, desde su nacimiento, el niño busca la mirada de su madre de forma activa. El encuentro de las dos miradas es un momento privilegiado que abre, con una emoción fuerte y profunda, una nueva fase del vínculo madre/hijo.

El olfato se desarrolla, juntamente con el gusto, según Benoit Schaal, gracias a un órgano olfativo secundario específico de la gestación, y adaptado a la detección de moléculas olorosas en medio acuoso. Marie Thirjon, pediatra, constata: “En las primeras horas de vida, el recién nacido, enfrentado a la necesidad urgente de alimentarse, va a buscar a su madre, el olor de su madre, y más exactamente el olor de la leche cerca de los pezones. Resulta siempre un espectáculo fascinante ver a un bebé “olfatear” a su madre, husmear cerca de sus senos… y reconocer el lugar de su felicidad y de su subsistencia“.

El gusto entra en juego cotidianamente y manifiesta sus preferencias. El feto absorbe cada día cierta cantidad de líquido amniótico. Si en ese líquido se inyecta una sustancia dulce, él traga doble ración con glotonería. En cambio, si se añade una sustancia amarga, el bebé sólo toma un poco, y la ecografía ha permitido ver que hace muecas de desagrado.

A través de ese líquido intra-uterino, amniótico, el cual adquiere diferentes perfumes según los alimentos que toma la madre, el niño es sensibilizado al gusto de la comida de la región donde va a nacer. Tenemos un ejemplo en una bebé hindú adoptada por una pareja francesa a la edad de tres meses: cuando empezó a tomar alimentos sólidos, rechazaba obstinadamente cualquier arroz preparado con diferentes estilos occidentales, y en cambio aceptaba de muy buen gusto un arroz al curry, tal como su madre lo consumía en la India cuando la esperaba en el vientre.

La sensorialidad gustativa y sobre todo olfativa, afirma el profesor Jean Pierre Relier, constituye uno de los aspectos fundamentales de la relación madre-hijo durante el embarazo, y permite al recién nacido reconstituir mucho más fácilmente su entorno sensorial y afectivo, ya que reconoce el olor de la piel de su madre y el sabor de su leche. De ahí el interés del contacto “piel con piel” desde los primeros minutos de la vida extrauterina.

  • Pero los dos sentidos más estudiados son el del tacto y el del oído.

El tacto concierne al conjunto de nuestra piel, y la del bebé es constantemente masajeada por el músculo uterino y la pared abdominal.

En cuanto al oído, el sentido de la sabiduría según los Antiguos, nos reserva muchas sorpresas. La noche uterina está lejos de ser un lugar silencioso. Pequeños micrófonos introducidos en el útero materno han captado ruidos de los tubos digestivos sobre un fondo ininterrumpido de actividad respiratoria y de latidos del corazón. La voz de la madre emerge, cantando su melodía intermitente.

Los ruidos y los sonidos exteriores atraviesan muy poco la pared abdominal: se transmiten sobre todo al feto a través del sistema auditivo de la madre, sus resonadores y su sistema óseo: cráneo, columna vertebral y pelvis. Así es como oirá la voz del padre, sobretodo si la madre la escucha con ternura, y las músicas a las que ella preste atención.

  • Pero el bebé, ¿qué percibe de todo esto?

El oído interno, que selecciona los sonidos y los transmite al cerebro, madura hacia el quinto mes de gestación. Jean Feijoo ha obtenido, desde ese estadio, respuestas motoras y cardíacas significativas por parte del bebé, como respuesta a los estímulos del fagot en la obra de Pedro y el Lobo (Prokofiev), dirigido a la pared abdominal materna. Por su parte, la madre estaba relajada escuchando con unos auriculares música suave. Ella no escuchaba el fagot. Las reacciones del feto eran, pues, las suyas propias.

Pero el Dr. Tomatis ha mostrado que el bebé percibe los sonidos antes de que el oído funcione. Cita el caso de una niña, Odile, que empezaba a salir del autismo que padecía y que se abría más aún cada vez que se le hablaba en inglés. Nada parecía justificar este hecho. El misterio se aclaró cuando la madre se acordó que al principio del embarazo, es decir antes de que el oído de Odile estuviera maduro, trabajaba en una empresa de importación-exportación en la que sólo se hablaba inglés. Es cierto que Odile no “comprendía” las palabras de la lengua inglesa, pero había percibido y grabado el ritmo, la melodía, la frecuencia hertziana de esta lengua que vibra a 12.000 Hz, mientras que el francés ronda los 8.000 Hz, y había guardado esta impronta ligada a un periodo de seguridad anterior al origen de su bloqueo.

En efecto, el ser en formación, desde el periodo embrionario recibe las vibraciones sonoras a través de las células receptoras de su piel, de sus músculos y de sus articulaciones. Por otro lado, cuando su oído empieza a funcionar, filtra los sonidos graves y sólo percibe los agudos. Este sistema de protección contra los ruidos internos del organismo de la madre, que no paran ni de día ni de noche, es indispensable. Sin él, el feto no encontraría nunca reposo.

Marie-Louise Aucher, profesora de educación de la voz, ha hecho observaciones interesantes en las familias de sus alumnos, cantantes profesionales que ensayan cotidianamente en sus casas. Las madres soprano traían al mundo hijos cuya parte superior del cuerpo estaba finamente desarrollada y de manera excepcional. El gesto de pinza en el que se opone el pulgar a los otros dedos de la mano, daba muestra muy precozmente de una excelente coordinación sensorio-motriz.
En cambio, los niños cuyos padres eran bajos profundos, nacían con la parte inferior de su cuerpo particularmente bien desarrollada.
Estos niños eran caminantes precoces, pero mucho más interesante que una precocidad efímera que con el tiempo se atenúa, es que después continuaban siendo caminantes infatigables.

Para comprender estos fenómenos, Marie-Louise Aucher trabajó en varias Universidades y Hospitales de París con profesores de diversas disciplinas. Juntos, tuvieron la sorpresa de ver cómo los impactos de los sonidos de la escala musical dibujan sobre el cuerpo humano el “vaso gobernador”, meridiano energético bien conocido por los acupuntores.

Se sabe por otros trabajos, que cada sonido está en resonancia vibratoria con una vértebra, una pareja de ganglios del simpático y el sistema parasimpático. Cuando se estimula uno de estos puntos de energía, uno de estos centros nerviosos, éste a su vez estimula la región que inerva, y el conjunto del sistema nervioso, cerebro incluido, se dinamiza. Para el Dr. Tomatis, el oído es una dinamo para el cerebro.

¿Influye el período prenatal en nuestra vida? (2 de 3)

Deja un comentario